La casa del notario del Doctor Andreu

Pocas calles en el mundo concentran en tan pocos metros tantas joyas arquitectónicas del Art Nouveau europeo (Modernismo en Catalunya) como la Avenida Tibidabo de Barcelona. Cuando a mediados del siglo XIX caen las murallas del centro barcelonés la ciudad se expande despertando el genio creativo de Antoni Gaudí, Puig i Cadafalch o Domènech i Muntaner, entre otros. Una revolución de modernidad y arte estalla en una época dorada donde las familias burguesas luchan por ganar el premio a la casa más bella y original. Así nacen las ondas de La Pedrera, los castillos neogóticos de la Casa de les Punxes o la eclosión naturalista del Recinto Modernista de Sant Pau. 

Uno de los artífices de todo este movimiento es el Doctor en Farmacia Salvador Andreu. Las famosas pastillas del Dr. Andreu sanaban los ataques de tos de miles paciente. Mecenas también del arte y de la construcción, en 1899 el Dr. Andreu constituyó la S.A. El Tibidabo, conjuntamente con un grupo de ilustres coetáneos como Román Macaya, Teodor Roviralta, Ròmul Bosch o Manuel Arnús. Juntos urbanizarían la Avenida Tibidabo. 

La Avenida conserva majestuosas torres como La Rotonda, antiguo hotel, la propia casa del Dr. Andreu, ideada por Enric Sagnier, un pequeño auditorio para Enric Granados, o la primera de todas, la Casa del Frare Blanc.

Te contamos un secreto: la casa del número 32 sirvió de inspiración al escritor Carlos Ruiz Zafón en su exitosa novela «La Sombra del Viento».

Con los años, la avenida perdería su esencia residencial, y sus ocupantes entregarían las llaves de sus casas a escuelas, instituciones y empresas. 

Todas las viviendas son preciosas pero la nuestra, ubicada en el número 29, nos tiene robado el corazón. Gebro Pharma S.A. se instala en 2009 en la que había sido casa del notario del Dr. Andreu, el señor Adrià Margarit i Coll. La casa del número 29 fue diseñada en 1907 por el arquitecto Miquel Madorell i Rius, entre cuyos edificios más singulares se encuentran el Teatre Tívoli, la Casa Tomàs Vendrell (en la calle Sants) o la Fábrica Bayer (en la calle Viladomat).

Adrià Margarit no vio cumplido su sueño. Falleció en 1908 y fue su viuda, Antònia Duran, quien la inscribió en el Registro de la Propiedad en 1909. Era la Casa de la Viuda Margarit.

El edificio, de inspiración novecentista, fue concebido como vivienda unifamiliar de planta baja, piso y buhardillas, aislada y rodeada de jardín. Entre 1925 y 1942 pasó por varias familias hasta que a mediados de la década de los 50 fue adquirido por una sociedad patrimonial. Los 80 saludaron grandes reformas y una vez terminadas las obras, el edificio se convirtió en 1992 en sede de la empresa Casadevall Pedreño & PRG. Unos años más tarde en la de Publicis, y ya en julio de 2009, en nuestro hogar.

El Arxiu Fotogràfic de Barcelona conserva fotos de cómo era la vida en nuestra casa allá por 1913. Nos encanta decir que trabajamos en una casa. Que nos reunimos alrededor de una chimenea, que seguramente donde ahora hacemos yoga y zumba antes era una despensa, que nuestros despachos fueron dormitorios donde sonaban nanas, o que donde ahora firmamos contratos se horneaba pan.

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